«Vivir en belleza», junto a Pao Dessaner

Por Paola Dessaner, Celebrity Makeup Artist.

Los flashes de la mañana nos despiertan, muchas veces felices, muchas veces más agotadas que al levantarnos. Pero cuando se tiene un día particular, se caminan los subtes, llenos, y se viaja con música inglesa (“Just for  to cheer up”), envuelta en brumas de un perfume delicioso.

Un encuentro con ”una clienta”, no es sólo eso: es descubrir un mundo y detrás de ese mundo, una persona con otro mundo detrás.

Nunca me fijo mucho que es lo que voy a hacer, simplemente comparto outfits y mi energía se concentra, como en un tubo, en ese día. No miro, no sé, comparto, soy mujer, comparto esta feminidad con otra mujer, su mañana, su day by day, su rutina sin rutina. Comparto. 

Lucía me abrió la puerta en pijama y era lógico, yo llegué 20 minutos antes de las 7.30 hs. Subimos las escaleras con dos tazas de té, nos sentamos en el mismo sillón y de pronto me vi en un clima íntimo y de ensoñación. No miro: sólo siento.

Mientras Lu se preparaba la piel con sus magias, yo iba preparando las mías y tenía un pensamiento lejano: “¿Qué puedo maquillar en ella? ¿Cómo presentarle mi pequeña colección, que se renueva siempre después de 25 años, con cada persona que acude a mí?”.

Íbamos a la presentación de las que, quizás, sean las mejores cremas del mundo. Ella tiene una piel perfecta. “¿Qué podría aportarle yo?”

Y he aquí cómo se conforma la experiencia con un cachetazo de realidad: el tiempo forma una mano invisible en el autor de un proceso artístico, lo eleva y lo lleva, de la mano, al rostro que va a recibir ese background con alegría.

Lucía tiene una energía arrolladora: no tiene miedo a la verdad, no tiene miedo a la gente. Cada día es un día iniciado hacia adelante, de amor propio, en el dedo de su mano, para recordarle así, que cada día es suyo, que su futuro es la consecuencia de un hoy activo y enloquecedor.

Prueba todo: olores, brillos, sombras, peinados. Me veo, de pronto, envuelta en algo que comprendo por vieja y por diablo: los tiempos cambian pero la buena educación y las buenas personas permanecen.

En el evento, Lucía se veía radiante en la oscuridad misma de un cine. Hablaba suelta y feliz de interpretarse a sí misma, de formar su futuro con la energía del hoy.

Todo fue un paso a paso. No hubo antes y después: sólo después. No escuché nada, porque sé que cuando trabajo la gente habla en otro idioma y porque simplemente quiero que esa persona brille, ilumine todo en su camino, así sea a una cita o frente a una platea llena.

Mis mujeres, brillan. No soy yo; es esa magia que enloquece en mis manos y sus pieles se relajan, se entregan, sus ojos se agrandan, sus pestañas crecen.

Y ahí estaba yo, viendo como este huracán, se metía en el bolsillo a una audiencia populosa, a sus amigas y claramente, a mí.

XX

Pao.

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