El almacén más lujoso del mundo

Por Inés Gamarci, Head of Luxus y Directora de Contenta.

Claro que Marco Polo fue una gran precursor en esto de traficar sabores, platos y técnicas varias. Luego más reyes, más conquistas, más descubrimientos. Y así el mundo se unió por productos considerados exóticos. Hoy un kiwi, que hace 40 años en nuestro país era una fruta de LUJO, es una hermosura de la naturaleza en la verdulería de la esquina, que comparte con Mangos y Papayas un estante, no mucho más que eso. La maravilla de la conexión sigue avanzando, ¿y qué tiene que ver el LUJO con esto de los sabores? ¿El exotismo es lujo en la boca? Hay lugares donde estos conceptos perviven y ése lugar es FAUCHON.

EL año pasado, 130 años de sabores se concentraron en las creaciones de sus patissiers renombrados. No hay París sin Fauchon, ni lujo en el sabor que Fauchon no bendiga para darle a un producto una súper categoría.

Siempre remarcamos la aspiración que genera el lujo, y en el caso de los sabores, vaya si una visita a FAUCHON no nos transporta a otras geografías para soñar en cada bocado.

Una “excursión” a Fauchon marca la experiencia de aromas y morfologías, luces y arte que harán impacto en nuestro sistema límbico.

Si ser encuadrado en el lujo, exige dejar al cliente con la boca abierta la mayor parte del tiempo, es necesario invertir en una disciplina casi militar de INNOVACION PERMANENTE y tener un código muy claro de diferenciación.

Detalles que son lujo más allá del sabor: los packs, los displays de producto, las sonrisas y el expertise de sus empleados (si vas por el online, es el texto de diálogo lo que enmarca la experiencia y con fotos para dejarse ir).

Ahí están los macarrons. Ahí el Dulce de leche. Ahi el nuevo té Japonés que es furor -matcha-. Y aquí estás vos. Rodeado de exquisiteces, algunas de nombres raros, en un mar de color negro, rosa incandescente… como una puesta escenográfica.

Fauchon es para mi el Lido de las cosas ricas. Tenía 16 años la primera vez que entré y ví paquetes de Yerba mate (con lo que me había costado hacerles entender a mis compañeros de colegio en Lorraine lo que era eso que yo tomaba con una “pipette”), frutas de la pasión (despues descubrí que se llamaban Maracuyá y que yo estaba a 1000 km de esa planta allá en Misiones, y no a 10000 como en ése momento). Los famosos “éclairs”…  ¡ay Dios mío! La exquisitez de chocolate en una bomba de crème au chocolat infinita… y con una musiquita hipnotizadora de cuchillos y “bonjourmadame” que le dieron colchón de nubes a mi segunda tarde sola en Paris.

Todo eso 35 años después para mí, sigue igual. Promesa del lujo cumplida por 130 años. Fauchon es la extensión de los placeres. La Magia.

¡Larga vida al almacén de lujo y a brindar!

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